• Valoración del paciente determinará si se debe o no remover las piezas dentales.
  • Especialista maxilofacial ofrecerá charla relacionada al tema, durante 38vo. Congreso de la Federación Odontológica de Centroamérica y Panamá –FOCAP-, Costa Rica 2015.

Enero, 2015. En el presente, las cordales o terceras molares se consideran un ente patológico, al ser un potencial foco de infecciones. Los riesgos asociados al cumulo de bacterias en estas piezas dentales podrían degenerar en endocarditis (enfermedad del corazón) e incluso, en nacimientos prematuros o abortos espontáneos. Especialistas indican que la tendencia apunta a un enfoque preventivo que recomienda su extracción pero sugieren que debe evaluarse la situación de cada paciente, idealmente a partir de los 12 años de edad.

“Lo que una persona no debe hacer nunca es ignorar las cordales, porque sólo al 1% de la población le salen. Al otro 99% le quedan retenidas en la encía o hueso, o peor aún, desconocen del todo cuál es el estado de las mismas”, comentó el Dr. Oscar Reiche, especialista en cirugía maxilofacial.

Según la Asociación Americana de Cirujanos Orales y Maxilofaciales (AAOMS por sus siglas en inglés), nueve de cada 10 personas tienen al menos una cordal impactada, que sale en una posición no funcional. Un diente impactado es aquel incapaz de entrar por completo en la boca, generalmente porque la insuficiencia de espacio en la arcada dentaria limita su posibilidad de traspasar las encías.

Las cordales son los últimos dientes en desarrollarse y erupcionar, por lo que fácilmente pueden quedar impactados o sufrir desplazamientos con efectos negativos. “Si bien en algunos casos es opcional para el paciente, es mejor remover las cordales en la juventud, antes de que las raíces se formen y se endurezca el hueso, lo que causa mayor daño a otros nervios o estructuras cercanas. Aunque la persona no presente síntomas o malestar, quienes mantienen las cordales pueden ser propensos a las enfermedades asociadas”, agregó Reiche, también expositor en el 38vo. Congreso de la Federación Odontológica de Centroamérica y Panamá (FOCAP), a realizarse en Costa Rica, del 28 al 31 de enero del 2015.

En relación a este tópico, durante FOCAP Costa Rica 2015, el Dr. Reiche impartirá la charla “Riesgos y complicaciones en la remoción de piezas retenidas”, el jueves 29 de enero, de 2:00 pm a 5:00 pm, en el Hotel Double Tree, Cariari. “Precisamente al analizar casos complejos en la cirugía del tercer molar, lo que se pretende es reforzar conocimientos con un enfoque preventivo que minimice las situaciones de riesgo. Con diagnósticos más eficaces será posible tomar decisiones acertadas, previo a un procedimiento quirúrgico”, acotó el especialista.

FOCAP es un evento de alto valor académico y con expositores de renombre internacional, dirigido a los profesionales de la salud dental. La Dra. Mariela Padilla, presidenta de la comisión del Congreso FOCAP 2015 resaltó que estos espacios fortalecen al gremio, en pro de la seguridad del paciente. “Es fundamental seguir promoviendo la educación en condiciones que afectan a la población en general y por esta razón, FOCAP abordará esta temática”, puntualizó Padilla.

¿REMOVER O NO LAS CORDALES? Una decisión informada. Los terceros molares son también conocidos como las “muelas del juicio”, por la edad en la que suelen aparecer, normalmente entre los 17 y 25 años, un estadio de la vida al que se le ha denominado «edad de la sabiduría”. Una parte de la población desarrolla las cuatro cordales, otros, sólo una pieza. Esto se determina en la valoración médica.

La gravedad de una cordal varía en cada persona, aunado a que la higiene bucal de la tercera zona molar es difícil, lo cual propicia bacterias responsables de la enfermedad periodontal o de encías. A través de la corriente sanguínea, las bacterias orales pueden resultar en infecciones sistémicas y enfermedades que afectan al corazón, los riñones y otros órganos.

Estudios publicados en la revista de la Asociación Americana de Periodontología demuestran que las enfermedades periodontales representan un factor de riesgo no reconocido previamente y clínicamente significativo en nacimientos de bebés prematuros de bajo peso.

La investigación ha demostrado que una vez que la enfermedad periodontal se establece en los terceros molares, el problema es progresivo, pero puede mejorar después de su extracción. En general, las cordales se deben extirpar quirúrgicamente (al ser un diente impactado) cuando hay daños en dientes adyacentes, infecciones en encías, caries que no se pueden restaurar, quistes, tumores u otras patologías.

En algunos casos, un quiste o tumor con fluidos puede formarse alrededor de la base de la cordal no tratada y a medida que crece puede conducir a problemas más graves de mandíbula, nervios, dientes y otras estructuras.

Mayoritariamente, la cirugía de cordales es un procedimiento de poco o ningún dolor, que se realiza en el consultorio del especialista. Por lo general, la intervención se realiza bajo anestesia local, en un tiempo máximo de 30 a 60 minutos, según la cantidad de molares por extraer, pero también podría ser necesaria la sedación intravenosa o anestesia general. Dependiendo de la posición y las condiciones anatómicas de las piezas, la técnica quirúrgica puede variar, como por ejemplo cuando presentan un patrón de crecimiento de abajo hacia arriba y de atrás hacia adelante. Lo usual es que tras la cirugía, se presente una breve inflamación y molestia durante unos pocos días.

“En la última década, se han realizado estudios en la población adolescente, que muestran que entre 3% y 5% ya no desarrolla las cordales, un indicador del proceso evolutivo de las terceras molares. En algunos casos, ya sólo encontramos dos o tres piezas impactadas. Por eso toda persona debería hacerse una evaluación para determinar la presencia y estado de las cordales y asesorarse correctamente en el tratamiento que requiere para evitar complicaciones a futuro”, finalizó Reiche.

A los pacientes que deciden no extraerse las cordales después de consultar a un profesional, se les recomienda extremar la limpieza oral, así como examinarse y sacarse radiografías, cada año, para monitorear cambios.